Norte salteño
Denuncian contaminación en el pozo petrolero Lomas de Olmedo
Un pozo petrolero abandonado en Lomas de Olmedo emana gases tóxicos y fluidos que arrasaron con 20 hectáreas de bosque nativo. Vecinos denuncian la muerte de cientos de animales y una grave crisis ambiental sin respuestas oficiales.

Un escenario de devastación ambiental y desesperación social se registra en la zona de Lomas de Olmedo, ubicada a unos 260 kilómetros al noreste de la ciudad de Salta y muy cerca de Pichanal.
Allí, un pozo petrolero perforado originalmente en 1983 y abandonado tras el paso de seis empresas concesionarias, siendo la última President Petroleum S.A., continúa emanando de manera ininterrumpida gases tóxicos y fluidos contaminantes que formaron lagunas de sustancias aceitosas y resinas amarillas, afectando de lleno a un ecosistema único de transición entre el Chaco seco y la selva pedemontana de las yungas.
La situación es de extrema gravedad. A unos cien metros de la perforación, el aire se vuelve totalmente irrespirable debido a la fuerte presencia de hidrocarburos, obligando a utilizar máscaras y generando una atmósfera tóxica que los especialistas de Greenpeace denominaron el "Chernobyl argentino".
El escape de gas produce un ruido ensordecedor que se incrementa según las condiciones atmosféricas, generando una "lluvia aceitosa" que cubre la vegetación y provoca que los árboles mueran de pie al verse imposibilitados de realizar la fotosíntesis.
El impacto sobre la fauna y la economía local ha sido devastador. Los productores y lugareños de la zona, cuya subsistencia histórica se basaba en la ganadería familiar, denuncian la muerte de más de 350 cabezas de ganado, además de una gran cantidad de ejemplares de fauna silvestre autóctona como ocelotes, corzuelas y pecaríes.
Este panorama obligó a numerosas familias a abandonar sus hogares y trasladarse a localidades vecinas como Pichanal, debiendo regresar diariamente por caminos rurales complejos para intentar rescatar al escaso ganado que logró sobrevivir, poniendo en riesgo el esfuerzo de tres generaciones de trabajadores.
El reclamo de los pobladores locales se ha convertido en un grito desesperado ante el abandono institucional y la falta de respuestas de las autoridades provinciales. Los vecinos denuncian que se sienten solos frente al desastre, relatan que por las noches la concentración de gas aumenta de manera drástica, obligándolos a dormir en otros lugares, y lamentan que la pérdida de su modo de subsistencia destruyó sus hogares y su forma de vida.
"No estamos pidiendo nada de otro mundo, queremos que se cierre el pozo para volver a vivir tranquilos y que se dejen de morir los animales y las plantas", resume con angustia uno de los afectados, mientras advierten con bronca que "parece que tendría que morir alguien para que se muevan".
Además, las pericias oficiales respaldaron los reclamos al confirmar concentraciones de hidrocarburos y sustancias químicas peligrosas, como etilbenceno, tolueno y xileno, por encima de los límites legales permitidos, advirtiendo sobre el riesgo en las napas freáticas.
Sin embargo, un informe del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) determinó que intentar un sellado en las condiciones actuales es una maniobra de alto riesgo técnico, lo que complica una solución inmediata.
En el plano institucional, tras la caducidad de la concesión dictada por el decreto 826/25, el Ministerio de Producción y Minería evitó dar respuestas a la prensa sobre los trabajos de remediación, dejando a las familias afectadas a la deriva mientras el pozo continúa abierto y la contaminación avanza de forma irreversible.